• 23 noviembre, 2020

El cacerolazo contra la cuarentena no tuvo eco

Lo habían convocado a través de redes sociales como un modo de defender la libertad y evitar al comunismo. Quisieron ponerle “La Marcha de los Barbijos”. Pero no fue nadie.

Las premisas eran claras: manifestarse contra el comunismo, las prisiones domiciliarias y a favor de la libertad. Los convocantes también: jóvenes libertarios y no tan jóvenes no tan libertarios. Los medios de difusión: principalmente la web. El resultado: nulo. “La Revolución de los Barbijos”, que llamaba a romper la cuarentena, fue un fracaso.

“Con barbijo y respetando la distancia, volvemos a las calles: no queremos comunismo”, rezaban los primeros afiches que empezaron a circular llamando a salir a la calles para reclamar contra la cuarentena, a la que consideraban un invento del “populismo” para ir tomando en sus manos el control total de la economía.

En una línea similar a la campaña contra la llegada de médicos cubanos –que especulaba con que los profesionales eran espías del gobierno cubano–, la convocatoria asociaba las políticas nacionales destinadas a enfrentar la pandemia con un “abuso de poder” que atizaba el peligro de la llegada del comunismo.

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