Menos regalos, más cuotas y un mercado dominado por importados caros y desordenados.
La crisis también llegó al arbolito. La Cámara Argentina de la Industria del Juguete confirmó que durante las Fiestas las ventas de juguetes cayeron un 6,9% en unidades respecto del año pasado. El dato no sorprendió a nadie en el sector: se dio en un contexto de consumo retraído, presupuestos familiares exhaustos y decisiones de compra cada vez más defensivas. Ni siquiera el canal online, que en otros años había amortiguado las malas rachas, logró despegar: las ventas digitales quedaron estancadas.
Bancos y billeteras virtuales multiplicaron promociones, cuotas y descuentos para evitar un derrumbe mayor, confirmando que sin endeudamiento el consumo directamente no aparece. La “libertad” del mercado, en los hechos, se sostiene con planes de pago cada vez más largos y caros.
Desde la industria admiten que diciembre mostró un leve repunte frente a un noviembre desastroso, pero ni siquiera el envión de Nochebuena alcanzó para revertir el balance anual. Así lo explicó Matías Furió, titular de la Cámara, al señalar que la mejora de último momento no logró compensar el desplome del Día del Niño ni los meses posteriores, marcados por una caída sostenida del consumo. Traducido: hubo menos regalos, más austeridad y una Navidad mucho más corta.
El comportamiento de las ventas deja al desnudo el deterioro del poder adquisitivo. Los juguetes de bajo precio concentraron el mayor volumen y mostraron el mejor desempeño relativo, mientras que los productos de mayor valor -sobre todo los asociados a licencias, películas y grandes marcas- quedaron prácticamente clavados en las góndolas. No hubo magia: cuando el salario no alcanza, la elección es supervivencia.