(Franco Fafasuli)
El apagón que generó caos en la ciudad es una señal de advertencia sobre un modelo energético que combina tarifas desproporcionadas, ingresos rezagados y una infraestructura insuficiente.
Este miércoles por la tarde, un masivo apagón dejó sin suministro eléctrico a más de 920.000 usuarios en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, evidenciando una vez más la fragilidad del sistema energético en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). La falla se originó en la subestación de Morón, donde el desenganche simultáneo de cuatro líneas de alta tensión de 220 kilovoltios provocó la pérdida instantánea de 3.000 megavatios, equivalente al consumo de una ciudad entera en hora pico.
El corte, que comenzó a las 14:45, afectó a barrios porteños como Recoleta, Palermo, Caballito y Villa Crespo, así como a localidades del conurbano como Morón, Castelar, San Martín y Tigre.
Durante horas, la ciudad fue un completo caos: semáforos fuera de servicio colapsaron el tránsito, el subte y los trenes eléctricos sufrieron interrupciones, y hasta el Aeroparque Jorge Newbery enfrentó complicaciones operativas. Por su parte, Edenor y Edesur, las empresas responsables, confirmaron que hacia las 15:30 se había restablecido el 85% del suministro, aunque miles de hogares continuaron sin luz.
Desde el Gobierno nacional de las fuerzas del cielo y las empresas involucradas explicaron que la falla fue un evento técnico en las líneas Morón-Rodríguez. Si bien los mecanismos automáticos evitaron daños mayores en la red, el episodio expuso la dependencia del AMBA de un sistema concentrado en nodos críticos que no logra resistir contingencias significativas.