Florencia Barboza fue la primera testigo en el debate por el asesinato de la nena de 7 años en Altos de San Lorenzo. Así fue su intervención en el juicio.
La causa por el brutal asesinato de Kim Gómez, la nena de 7 años que murió tras ser arrastrada por el auto de su mamá, robado en el barrio Altos de San Lorenzo, comenzó a transitar este miércoles una instancia clave: el juicio oral.
La primera jornada del debate se abrió con la declaración de Florencia Barboza, la mamá de la víctima, quien reconstruyó ante los jueces el dramático momento en que le robaron su auto en el semáforo de 25 y 72, después de realizar compras en un autoservicio de la zona, cuando iba con Kim sentada en el asiento trasero, atada con el cinturón de seguridad.
El proceso judicial se desarrolla ante el Tribunal de Responsabilidad Penal Juvenil N°1 de La Plata, con sede en 7 y 524 de Tolosa, con audiencias a puertas cerradas y sin acceso al público, tal como lo establece el régimen legal para causas que involucran a personas que al momento del hecho eran menores de edad. Según el cronograma fijado por las autoridades judiciales, el debate tendrá ocho jornadas y, de no mediar contratiempos, el veredicto se conocería antes de que finalice febrero.

Su testimonio, cargado de emoción, marcó el tono de una causa que conmovió a La Plata y a todo el país. Frente a los jueces, al fiscal y a las defensas, contó como él acusado la interceptó en su auto, la hizo bajarse y la tiró al piso para luego subirse desde el lado del acompañante. Kim estaba en el asiento trasero con el cinturón de seguridad colocado.
La mujer ya había declarado haber advertido la presencia de otro sospechoso más chico, pero admitió que no logró verle el rostro. Según reconstruyó, los ladrones escaparon sin advertir –o sin importarles– que la nena seguía dentro. Durante la huida, Kim –quien habrían intentado bajarse del auto durante la huida– quedó enganchada con el cinturón de seguridad y parte de su ropa, y fue arrastrada varias cuadras por el asfalto. Las heridas sufridas resultaron fatales. El relato de la madre fue acompañado por un profundo silencio en la sala de audiencias y dejó al descubierto el impacto humano del expediente judicial que hoy se ventila en tribunales.
En el banquillo está sentado un joven de 18 años que tenía 17 al momento del hecho; el otro implicado tiene 14, está en un instituto de máxima seguridad y es no punible.
El caso de Kim Gómez reabrió con fuerza la discusión sobre la baja de la edad de punibilidad de menores, un debate recurrente en la agenda política y judicial del país cada vez que un delito grave involucra a adolescentes. Mientras algunos sectores reclaman reformas legales para permitir la persecución penal de menores de 16 años en hechos de extrema gravedad, otros advierten que la respuesta punitiva no resuelve el problema de fondo y que se requieren políticas públicas de prevención, contención social y abordaje integral de la violencia juvenil.