En las inmediaciones del Polideportivo reina el recuerdo: todos tienen algo para agradecerle al Indio. Todavía viajan ricoteros de todo el país para despedir al ídolo popular y el velorio podría ser de los más multitudinarios de la historia argentina.
El sol no quiso salir en todo el domingo. En realidad, se lo vio poco desde el viernes, cuando se conoció la noticia de la muerte de Carlos Alberto “Indio” Solari. Indio para los argentinos. Dos días después de su paso a la inmortalidad y tras la despedida privada que organizó su familia, decenas de miles de personas comenzaron a acercarse a su adiós público, que se realizó en el Polideportivo José María Gatica, ubicado a una cuadra del Parque Los Derechos del Trabajador, en Villa Domínico, Avellaneda. Hasta las 20hs de este domingo, autoridades de la provincia de Buenos Aires estimaban que ya habían pasado 200 mil personas por la capilla ardiente.
El clima no fue de especial tristeza, sino más bien de una desolación mezclada con agradecimiento. “¿Y ahora qué?”, parece ser la frase que resumiría el sentimiento colectivo. Hubo familias y grupos de amigos de todo el conurbano bonaerense y, a pesar del poco tiempo de antelación, de distintos puntos del país, que seguramente se incrementarán con el correr de las horas. La hora de inicio del último adiós era a las 11, pero desde la noche previa había personas esperando en la puerta del polideportivo.
Ya a las 9.30, una hora y media antes del comienzo, había gente haciendo fila hasta la altura de la estación Sarandí del Tren Roca, a unos dos kilómetros, desde donde seguían bajando ricoteros al ritmo de los más recordados éxitos del Indio. En cada cuadra hasta el polideportivo, sonaba un tema distinto de la abundante discografía del Indio: así como en Mitre al 3300 podían estar reproduciendo “Vamos las bandas”, al 3400 podía haber un pogo con “Me matan Limón” y al 3500 una reflexiva escucha de “Encuentro con un ángel amateur”. Tres cuadras. Tres estados.